Nuevo reglamento para gestionar espumas contra incendios con PFAS

Las PFAS —sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— son una familia de compuestos sintéticos utilizados durante décadas por su resistencia al calor, al agua y a las grasas. Estas propiedades los han hecho habituales en sectores industriales, en textiles técnicos y, especialmente, en espumas contra incendios. Pero su problema es que no se degradan en el medio ambiente, pueden acumularse a lo largo del tiempo y se detectan en aguas, suelos y organismos vivos. Por ello se conocen como “sustancias químicas eternas”.

Para limitar sus riesgos, la Unión Europea regula su uso a través de REACH, el marco europeo que controla la fabricación y comercialización de sustancias químicas. Y recientemente se ha aprobado el Reglamento (UE) 2025/1988, que restringe las espumas contra incendios que contienen PFAS e introduce nuevas obligaciones de retirada y gestión. Esta norma aclara que deben gestionarse como residuos con PFAS:

  • Espumas sin usar (concentrados o mezclas).
  • Espumas utilizadas en emergencias o pruebas.
  • Aguas residuales generadas al usarlas o limpiar equipos.
  • Lodos, absorbentes y otros materiales que hayan estado en contacto con ellas.

Estos residuos deben recogerse de forma separada, evitando mezclas y garantizando su contención segura. Además, las aguas de uso y limpieza también deben captarse y gestionarse específicamente.

Solo se permiten tratamientos capaces de destruir o transformar irreversiblemente los PFAS, lo que implica que está prohibido el tratamiento biológico en depuradoras, está permitida la incineración únicamente a alta temperatura (mayor o igual que 1.100°C) y la admisión de otros procesos avanzados de destrucción con eficacia demostrada.

Todo ello supone que la retirada de estas espumas requiere revisar y actualizar inventarios, sustituir productos, recoger separadamente las aguas contaminadas y garantizar una gestión final segura con operadores especializados.

En este sentido, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) ha publicado recientemente una guía para apoyar la transición hacia espumas de extinción sin compuestos orgánicos fluorados. Este documento ofrece orientaciones prácticas para operadores y autoridades, aclarando cómo deben gestionarse las espumas que todavía contienen PFAS durante el periodo transitorio.

Entre las recomendaciones más relevantes, la guía insiste en la necesidad de que los usuarios verifiquen si sus espumas contienen PFAS, revisando la documentación disponible o solicitando confirmación al fabricante. Además, establece que cualquier instalación que mantenga el uso de espumas con PFAS deberá disponer de un plan de gestión específico por emplazamiento, que documente su almacenamiento, uso, respuesta ante posibles fugas y la estrategia de sustitución hacia alternativas libres de compuestos orgánicos fluorados.

En cuanto a la gestión de residuos, el documento aporta criterios claros tanto para los concentrados como para las aguas contaminadas o de limpieza, indicando que deben recogerse por separado y enviarse a tratamientos que garanticen la destrucción o transformación irreversible de las PFAS. También propone códigos LER orientativos para facilitar su correcta clasificación, subrayando la importancia de planificar la retirada de existencias y la limpieza de sistemas para evitar contaminación cruzada al migrar hacia las nuevas espumas.

Ante esta nueva obligación europea, los gestores de residuos desempeñan un papel esencial. Son los profesionales capaces de garantizar que estos residuos se traten en instalaciones autorizadas y con tecnologías que evitan emisiones difusas y nuevos focos de contaminación.